Algo extrovertida. Directa y con las cosas claras. Estudiante, y espero seguir siéndolo hasta que acabe lo que quiero. Todavía me queda mucho en este mundo, y seguiré dando por saco a todos aquellos que me aguantan, y a los que no, también. Apasionada de los retos y las cosas imposibles. Y como no, adoro escribir. Espero que os guste, y si no... pues gracias por hacerme una visita mas ;)

Llego lo tanto ansiado.

Llevo el invierno. Y ello trae con sigo el que el sol se esconda antes, no se escuche a los pájaros cantar y los niños no salgan de sus casas para jugar. Estación en la que los días grises son tu mejor aliado, y la lluvia te persigue hasta que encuentres un techo donde resguardarte. Parece que el invierno esta hecho para que estemos mas tristes y sentimentales de lo normal, o para que simplemente no seamos tan alocados como se puede ser en verano. Pero, ¿y lo divertido que es ir por la calle y ponerte a cantar la famosa I singing in the rain? ¿O ponerte a saltar encima de un charco como una niña de tres años? Yo soy de aquellas que echaba de menos el poder salir de mi casa con mi cazadora de cuero negra, mi bufanda con el gorro a juego y mis botas de guerra, que hacen que tus pies estén calentitos durante toda la tarde. Y si sois de los que les gusta pensar, estaréis de acuerdo conmigo en que los días de lluvia, lo mejor es salir a la calle solos, como único acompañante  tu reproductor de música.
Porque aunque llueva, haga frió o incluso tengas la nariz tan congelada que no puedas mover la durante unas horas, en mi opinión es la mejor época del año. Para bien o para mal, siempre hay gustos  para todos, pero cada día es un día nuevo que hay que aprovecharlo de la mejor forma posible, y si esa forma es jugando a esconderte entre los coches a las 7 de la tarde en el mes de diciembre, o caminar entre los rascacielos de Madrid con una sensación de estar sola entre toda la multitud durante un pequeño instante, disfrútalo, porque es lo mas maravilloso que nos puede suceder. Ese instante que jamas volverás a recuperar, ese instante en que no pensaste que mojarte era un problema, o simplemente que pensaste que no pensabas.

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